Sunday, March 22, 2009

Quicksilver by Ko Murobushi



(Véase la version en español en la parte inferior de la página)

Many people feel alienated by modern dance because they come away from the experience saying things to the effect of "It was interesting but I didn't understand it." That would not be their reaction to Ko Murobushi's Quicksilver. The understanding is clear: It was utterly painful.

This was not an easy performance. First of all, by way of explanation, what is butoh, for those of us who don't follow the minutiae of dance technique: Butoh is the collective name for a diverse range of activities, techniques and motivations for dance, performance, or movement inspired by the Ankoku-Butoh movement. It typically involves playful and grotesque imagery, taboo topics, extreme or absurd environments, and is traditionally "performed" in white-body makeup with slow hyper-controlled motion, with or without an audience. But there is no set style, and it may be purely conceptual with no movement at all. Its origins have been attributed to Japanese dance legends Tatsumi Hijikata and Kazuo Ohno.

Okay got that? Ready to stop reading now? Doesn't sound like the kind of thing you'd go see? As alienating as the technique may be, because let's face it, this is not accessible dance, the performance nonetheless had some interesting moments.

The first scene involved the use of a suspended mirror with which Murobushi, dressed in a suit, with a stocking mask that covered his face and makes his features indistinguishable, interacts in a sort of struggle. But whereas our expectation is that the mirror would reflect the same image that we are seeing, this mirror is flexible and vibrates, creating distortions and a trembling image that give the impression that the flesh and blood performer is in fact dominating the mirror being (who is in fact himself). The inner struggle is suddenly thrown out of kilter to suggest that the inherent balance between inner and outer self cannot be relied upon.

In the second scene has a soundtrack of what sounds like spoken words played backwards. The movements are as grotesque and distorted as the sounds. Movement that attempts to approximate the human is struck down, as if the effort were too demanding. The result is minimal gesture: the hunching of the shoulder blades, the eyebrows subtly moving upwards and wrinkling the forehead; and resounding defeat: attempts to make the legs support weight result in crashing to the floor; clawed, clutched hands gesture uselessly and helplessly, trembling as the mirror image of the body trembled in the previous scene, and making it appear as if Murobushi had more than five fingers on each hand.

In the third scene Murobushi has shed the suit and appear naked (wearing a discreet smooth half-body leotard). He is covered in silver paint, in keeping with the butoh style. The movement is animal, it is quick and alive, animate but inhuman. The body has become a flow of motion and gesture in keeping with the sound, that rolls like pebbles and then thunders like rushing water.

The title Quicksilver also, obviously refers to the fact that mercury has been used in mirrors. Quicksilver is a synonym of mercury, and mercurial means characterized by rapid and unpredictable changeableness of mood. Quick, as well as meaning rapid, means alive. And this piece suggested that the state of being alive was a constant battle with the ever-present doppelganger of death. The only constants in human existence are life and death, and this performance distilled that notion to the point that it was subhuman, superhuman, inhuman, and painfully human.

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In terms of the conductivity experiment, I am apparently a non-conductive material. Perhaps rubber. After the show I walked along the Parkway en La Soledad. My plan was to go to the Café de La Luna Azul but when I got there it looked pretty crowded and I didn't feel I had the psychic energy to go in and seek out a table by myself, even though it is a cosy and non-intimidating kind of place where I could quietly occupy a corner and sip a glass of wine while I write up my review, but let's face it, sometimes I chicken out which is why I find myself at this moment, quietly occupying the usual corner of my study, sipping a glass of wine, as I type away.

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Quicksilver por Ko Murobushi

Muchas personas se sienten alienados por la danza moderna, y salen de una función diciendo cosas como: "Fue interesante, pero yo no lo entendí". Eso no sería la reacción a Quicksilver de Ko Murobushi. La comprensión es clara: Fue absolutamente dolorosa.

No es un espectáculo fácil. En primer lugar, a modo de explicación, lo que es butoh, para aquellos de nosotros que no sigan las minucias de la técnica de danza moderna: Butoh es el nombre colectivo de una amplia gama de actividades, técnicas y motivaciones para la danza o "performance" inspirado en el movimiento Ankoku-Butoh. Normalmente implica imágenes lúdicos y grotescos, temas tabú, ambientes extremos o absurdo, y se realiza usando maquillaje corporal blanco, con movimientos lentos, hiper-controlados, con o sin una audiencia. Pero no hay ningún estilo definido, y puede ser puramente conceptual sin ningún movimiento en absoluto. Sus orígenes se atribuyen a las leyendas de danza japonés Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno.

Entiendes? Listo para abandonar la lectura ya? No suena como la clase de espectáculo que iría a ver? No obstante el factor alienante de la técnica, porque seamos francos, esta no es danza accesible, la presentación tuvo algunos momentos interesantes.

La primera escena hizo uso de un espejo suspendido con el cual Murobushi, vestido de un traje, con una media velada que cubría su rostro como máscara y hacía sus rasgos indistinguibles, interactuaba en una especie de lucha. Pero mientras que nuestra expectativa es que el espejo se refleja la misma imagen que estamos viendo, este espejo es flexible y vibraba, creando distorsiones y un imagen tembloroso que da la impresión de que el artista de carne y hueso está dominando el ser del espejo (quien es, de hecho, él mismo). La lucha interna es exteriorizada para sugerir que el equilibrio inherente entre el interior y exterior no es una constante.

La segunda escena tiene una banda sonora que suena como palabras habladas al revés. Los movimientos del bailarín son grotescos y distorsionados como los sonidos. Movimientos que tratan de aproximar el humano son negados, como si el esfuerzo fue demasiado exigente. El resultado es gesto mínimo: la recogida de los hombros, las cejas que se desplazan sutilmente hacia arriba, arrugando de la frente; y la derrota contundente: los intentos de obligar a las piernas a soportar el peso del cuerpo resultan en caídas al piso; manos recogidos como garras hacen gestos inútiles, temblando como la imagen del cuerpo temblaba en el espejo en la escena anterior, y dando la impresión como si Murobushi tuviera más de cinco dedos en cada mano.

En la tercera escena Murobushi abandona el traje y aparece desnudo (llevando una malla de danza discreta de medio cuerpo). Está cubierto de pintura plateada, conforme con el estilo butoh. El movimiento es el animal, es rápido y vivo, animado pero inhumano. El cuerpo se convierte en un flujo de movimiento y gesto, conforme con el sonido, que roda como los guijarros y luego truena como el agua corriendo.

El título Quicksilver obviamente se refiere al hecho que el mercurio ha sido utilizado en los espejos. Quicksilver es sinónimo de mercurio, y mercurial también quiere decir caracterizado por estados de ánimo cambiantes e impredecibles. Quick, además de decir rápido, significa vivo. Esta pieza sugirió que el estado de estar vivo es una batalla constante con el Doppelganger siempre presente de la muerte. Las únicas constantes en la existencia humana son la vida y la muerte, y esta presentación destila este concepto al punto de volverle infrahumano, sobrehumano, inhumano, y dolorosamente humano.

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In términos del experimento de la conductividad, me parece soy de un material no conductor. Tal vez el caucho. Después del espectáculo, caminé a lo largo del Parkway en La Soledad. Mi plan era ir al Café de La Luna Azul, pero cuando llegué allí era bastante concurrido y sentí que no tenía la energía psíquica y para entrar y buscar una mesa sola, a pesar de que es un sitio acogedor y no intimidante, donde podría ocupar un rincón tranquilo y disfrutar de una copa de vino mientras escribía mi reseña, pero seamos sinceros, a veces falto valor, razón por la cual me encuentro en este momento, tranquilamente ocupando el rincón habitual de mi estudio, disfrutando una copa de vino, mientras tecleo.

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